Una comida terrible

¿Conocen este chiste? Dos señoras de edad están en un hotel de alta montaña y dice una: “Vaya, aquí la comida es realmente terrible”. Y contesta la otra: “Sí, y las raciones son tan pequeñas”. Pues básicamente, así es como me parece la vida, llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza… y sin embargo se acaba demasiado deprisa.

Woody Allen, monólogo inicial de ‘Annie Hall’.

Ser del Mallorca hoy en día es deprimente. Significa tocar fondo semana tras semana, pensando, ilusamente, que es imposible que se hagan peor las cosas. Desde el más alto despacho de Son Moix, hasta los cero metros de altitud que es el césped, la mediocridad brilla por su abundancia. Muy a pesar de algunos de los grandes profesionales que hay en el Real Club Deportivo, el mismo está sumido en una espiral decadente que, de nuevo ilusamente, soñamos con que por fin toque a su fin. En realidad hace años que los problemas institucionales se establecieron en la planta noble, pero al menos antes los buenos resultados deportivos distraían la atención. Ahora lo meramente deportivo potencia el desasosiego.

Bajamos a Segunda siendo los más goleados de la categoría y ahí seguimos, repitiendo tan poco honorable título. La defensa sigue siendo un queso gruyere, el centro del campo tiene la solidez de un equipo alevín y el ataque, en teoría el gran punto fuerte, se sostiene por las pinzas que son Gerard y Alfaro (antes Víctor). Superado el ecuador de la liga, no ha conseguido poner un pie en playoff, ni ganar a hipotéticos rivales en la lucha por el ascenso, ni tan siquiera ganarle el golaverage a un solo equipo. En realidad, el Mallorca está instalado en las posiciones que viene mereciendo, impregnado del paupérrimo nivel competitivo que está ofreciendo esta Liga Adelante. El Mallorca me viene pareciendo un auténtico desastre, y eso que me considero un tipo bastante optimista.

En definitiva, mi equipo es UNA PUTA MIERDA. Y aún así, cuento las horas que faltan para que llegue el domingo y vuelva a verlos jugar. Leo, escucho, escribo y tuiteo casi exclusivamente del Mallorca, por mucho que me ponga de mal humor. No me pierdo ni un encuentro y pago un carnet de socio aun teniendo acreditación. He convertido a mi novia al mallorquinismo. Pierdo tiempo y dinero buscando camisetas que coleccionar. Y todo por ese equipo que parece obsesionado en hacerme profundamente infeliz. Como una mala droga mezclada y cortada, cuando más tóxica me resulta la relación con el Mallorca, más me capta. Y vivo con el deseo ardiente de que llegue por fin el próximo partido, aunque sepa que va a volver a ser espectáculo lastimoso, una comida terrible que suelo lamentar que se acabe en sólo dos bocados de 45 minutos. Y el vacío que siento cuando el árbitro pita el final, hayamos ganado o perdido, lo lleno con otros seis días de sufrimiento y tristeza que nunca toca fondo.

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  1. Toni Gora

    Lo has clavado

    P.D:No te recuerdo estas dotes litetarias en el insti xD

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